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La fantasia de Kevin

Kevin hacía mucho que tenía esas ideas, pero nunca había podido llevarlas a cabo… hasta hoy.

Hace ya tres meses que conoció a Victoria, una chica con las mismas inquietudes que él, pero mucho más decidida al momento de llevarlas a cabo. Se conocieron en el chat de un foro de Internet en el cual no se limitaban en cuanto a sus gustos, y enseguida se llevaron bien. Coincidían en muchos gustos, ideas y sentimientos, y encontraban en el otro la energía para concretar sus fantasías más privadas.

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Luego de sólo una semana de chat y algunas imágenes vía webcam decidieron encontrarse y conocerse. Se sentaron a hablar en un bar una noche de jueves muy poco importante. Kevin no salía de su asombro: Victoria era más excitante y hermosa de lo que jamás podría haber pensado: era una chica hermosa. Su cara era muy agradable, con unos ojos verdes hermosos, pelo negro lacio largo, labios ligeramente carnosos, alta, de contextura y escote normal.

Se quedaron hablando varias horas. Sus vidas, sus gustos, que buscaban en una pareja. Este era un momento crítico para su relación, ya que ambos eran sadomasoquistas. Si bien no practicaban esto todos los días, estaban muy entusiasmados por el hecho de, tal vez, haber encontrado a alguien con quien poder hacer todas las cosas que rondaban en sus mentes.

Kevin es switch: puede ser tanto sumiso como dominante. No tiene mucha experiencia, pero tiene sus metas bien claras: quiere ser dominado, travestido y humillado por su pareja y, si es posible, que su pareja sea travesti.

Victoria era la travesti más hermosa que se haya visto. Realmente era era una chica normal, y la única forma de saber que era  travesti era viendo su bien formado y escultural rabo. Ella tenía 26 años y ya hacía tiempo que conocía y practicaba el sadomasoquismo. Era bisexual, y su anterior pareja había sido, justamente, una chica. Tenía bastantes “juguetes” en su departamento y estaba completamente excitada con la idea de poder sodomizar a este chico novato.

Luego de ese primer encuentro, se vieron regularmente en bares y boliches, y compartieron sus cuerpos en dos ocasiones. Pero esta vez iba a ser distinta; esta vez iban a dar rienda suelta a sus perversiones y fantasías.

Quedaron en encontrarse en el departamento de ella ese viernes a la noche. Habían arreglado sus asuntos personales de manera que nadie buscase por ellos hasta el sábado bien tarde.

Kevin viajaba extasiado hacia el departamento de Victoria. Ella había logrado que el venciera sus miedos y pudiera depilarse el cuerpo completo para este encuentro. Él ya había conseguido los elementos que Victoria no tenía para completar la fantasía. Unas semanas antes había comprado en un sex shop guantes de látex negro que le llegaban casi hasta los hombros, medias de látex negro que le cubrían los muslos completos y una mordaza de bola de arnés, la cual posee múltiples cintos para asegurar la mordaza a la cabeza. Se siente excitado de llevar semejantes elementos en su mochila, mientras está rodeado de gente “común” que no se imagina lo que él lleva ahí, ni lo que está a punto de hacer.

Al fin llega al departamento de Victoria. Ella tiene puesto pantalones de cuero marrón muy ajustados, una remera azul oscuro con cuello mao muy ajustada y zapatos negros. Debajo de la ropa, tiene un conjunto de tiras de cuero, el cual comienza en su cuello, bajando dos tiras de cuero (una en el frente, entre sus pechos, y el otro a su espalda) de las cuales salen tiras de cuero perpendiculares que rodean su cuerpo (la primera sobre sus pechos, la segunda justo debajo de los mismos y tres tiras más hasta las caderas). Las dos tiras principales se ajustan a los costados de la entrepierna, dejando su trasero y sus testículos libres para emplear. Todo este conjunto es ajustable y ella se lo pone bien tirante.

Se saludan, se besan, se abrazan. Ambos están nerviosos por lo que van a hacer pero se sienten cómodos acerca de con quién lo hacen.

Ambos ya estaban bañados, limpios, con sus estómagos casi vacíos y sin molestias. Kevin pasa al baño para lavarse la cara. Al salir, Victoria lo espera con la ropa que va a usar durante todo el día. Es una gran pila, y el se siente muy excitado.

Kevin se desnuda completamente. Victoria le da para ponerse una tanga negra de ella, limpia, que es justo su talla. Es especial para travestis: contiene los testículos en su lugar pero no resulta incómoda de usar. A continuación, Kevin se pone las medias y los pantalones de látex. Mientras se los pone comienza a excitarse y su miembro se pone cada vez más y más erecto, pero la tanga lo contiene y le permite seguir. Fue una buena idea ponerse la tanga primero.

Se mira al espejo: se siente totalmente desconocido, extraño, sexual. En el reflejo puede ver a Victoria preparar la siguiente pieza de ropa: un corset de cuero. Ella lo abre por el frente y se lo pone desde atrás, cerrándolo con botones en el frente. El corset cubre a Kevin desde la cadera hasta por debajo de sus pechos. Kevin debe sostenerse de una silla para mantener el equilibrio mientras Victoria ajusta las tiras del corset. A medida que se ajusta, Kevin ve cómo su cuerpo va tomando forma femenina: su cintura se achica, su pecho depilado resalta. Al terminar, se mira de nuevo al espejo: esta fantasía es mucho mejor de lo que había imaginado: es real.

Victoria le muestra lo que usará sobre todo eso: un vestido de vinilo anaranjado ajustado. Lo ayuda a ponérselo: el vestido se sostiene mediante dos tiras gruesas sobre los hombros, tiene un escote cuadrado que, gracias al apropiado corset, permiten que se vislumbre un pequeño busto. El vestido, entallado, sigue hasta la mitad de los muslos. Gracias al corset, la imagen de Kevin no resulta agresiva o chocante: al contrario, es sexy. Llamativo por los colores y la combinación del torso naranja y las extremidades negras, pero no ridículo.

Siguen los zapatos: Victoria le pone a Kevin unas minibotas de cuero negro de taco alto pero ancho, las cuales son perfectas para aquellos que no saben caminar en tacos. A pedido de Victoria, Kevin desfila su nueva imagen por la habitación. Se siente totalmente excitado y eufórico, pero se mantiene en personaje. Quedaron en que no se maquillaría, aunque su nuevo corte de pelo le da una apariencia andrógina que complementa la imagen del vestido. Por último, para marcarle su posición pasiva, Victoria le coloca a Kevin un collar de cuero de BDSM grueso, liso, con un pequeño aro en el frente para atar una cinta: Kevin ya está completo.

Van hacia el living del departamento a beber. Según lo habían convenido, Kevin se maneja de manera suave, femenina. Camina con pasos lentos y sexys hacia el living, en donde se sienta cruzando las piernas. Beben alcohol, comen pequeñas galletitas. Hablan, juguetean, se tocan, se besan. Victoria asume un rol masculino en el juego, sirviendo, preguntando, seduciendo al femenino Kevin.

Lo lleva al sillón. Kevin se sienta en un extremo, y ella justo al lado. Lo rodea con su brazo, pone su otra mano en su pierna de látex negro, lo besa en el cuello. Y en la boca. Luego de unos minutos y de varias posiciones, Kevin se encuentra recostado sobre el regazo de Victoria, besándola, rodeando su cuello con sus brazos, mientras que ella lo sostiene con un brazo y con el otro recorre sus piernas. Toca sus nalgas, mete su mano por debajo de su vestido. Esto alarma un poco a Kevin, y lo excita. Su polla está muy excitada, pero la tanga cumple muy bien con su función, aún cuando la mano de Victoria masajea esa área.

Victoria se levanta para conseguir más bebidas. Kevin se para y se mira en el espejo del living: nunca se sintió tan excitado, tan sexual. Victoria se para detrás de él, con un vaso de licor en una mano. Con la otra, rodea la cintura de Kevin. Muerde su cuello. Lo mira con ojos lujuriosos. Deja caer el vaso y pasa ese brazo por debajo de los brazos de Kevin, a través de su pecho. Acerca su pelvis al trasero de Kevin y la apoya sobre él. La mueve. Kevin puede sentir a través del vestido de vinilo la verga excitada de Victoria, cada vez más y más grande. Lo tiene puesto de manera vertical, un tanto inclinada. Siente su presencia en medio de sus nalgas y su movimiento sólo logra excitarlo.

Se quedan en este baile unos momentos. Se besan nuevamente. Kevin gira y se arrodilla. Pone su cara a la altura de la pelvis de Victoria y comienza a abrir su bragueta. El pene erecto emerge de los pantalones. Está más hermoso y suculento que nunca. Su punta está húmeda. Tira la piel hacia atrás y lo coloca dentro de su boca. Lo succiona una y otra vez. Victoria se excita cada vez más. Cada tanto, Kevin deja de succionar para meter los testículos en su boca.

Van a la habitación. Victoria se tira en la cama y deja que Kevin trabaje un rato. Le encanta. Él pasa su lengua por los testículos, la entrepierna, las nalgas, el ano, una y otra vez, y vuelve al cada vez más duro rabo.

Victoria se saca los pantalones y la remera, dejando al descubierto su conjunto de cuero. Le ordena a Kevin que deje de succionar y que se coloque en cuatro patas sobre la cama. Lo hace. Victoria levanta su pollera y le quita la tanga. Sus testículos, que habían estado contenidos por tres horas ahí, se liberan y caen. Es el primer lugar que ella pone en su boca. Saborea los testículos de Kevin una y otra vez mientras con una mano excita al pene. Sigue con su trasero. Pasa su lengua y sus labios por las nalgas de Kevin. Las abre con ambas manos y escupe en su ano. Lo lame y lo chupa con pasión. Mientras hunde su cara en medio del sudado trasero, con las otras manos trata de excitar el pene de Kevin. Y el suyo. Victoria comienza a masturbarse para obtener una erección más grande. Cuando encuentra que el ano de Kevin ya está bien lubricado con saliva, se para y comienza a friccionar su pene en medio de las nalgas de él. Luego de unas vueltas, el ano se dilata lo suficiente como para que el pene pueda permitirse una primera entrada. Kevin exhala fuertemente: casi grita. Se contorsiona hacia arriba y toma aire. El corset lo ahoga. Con movimientos repetitivos, Victoria empuja su miembro más y más adentro de ese trasero. Kevin responde a cada movimiento con un gemido fuerte. En el último empujón, los testículos de Victoria chocan con los de Kevin: ya está siendo sodomizado. Victoria comienza a golpear fuertemente en cada penetración. Se afirma de Kevin tomándolo con ambas manos de su corset. Había una razón para el corset. Los firmes brazos de Victoria acercan y alejan el cuerpo de Kevin, profundizando cada penetración. Kevin casi no puede sostenerse: sus piernas duelen, sus brazos están cansados, siente el sudor contenido en los guantes y las piernas, el corset lo asfixia. Sólo puede gemir y sentir el pene que se agita en su interior. Está tan excitado que eyacula antes que Victoria: nunca sintió tal placer. Ella está a punto de acabar. Nunca dominó a nadie así. Él es la muñeca a la que vistió y enseño a actuar, y ahora la está poseyendo. Kevin comienza a sentir al semen tibio que ha empezado a fluir por su interior. Ambos están satisfechos.